“Aquí piensan que todo el mundo es minero”, dijo el presidente de la Cámara de Comerciantes de Tumeremo, Erick Leiva.

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Lanzó esa frase cuando calculaba las pérdidas económicas del gremio, producto de cinco días de protesta por la desaparición de 28 personas en la mina Atenas. Su cálculo pasó los 300 millones de bolívares.

Los 650 comerciantes de Tumeremo se plegaron al paro general convocado por pobladores. Algunos decidieron abrir cuando se sentían con la soga al cuello. Pidieron permiso y les fue concedido.

Y es que en Tumeremo además de la alta inflación (500% más que la cifra oficial), el hampa organizada se hace sentir.

Ni pobladores, ni turistas, ni camioneros de tránsito se quejan abiertamente del alto costo de la vida allí.

Deben estar conscientes de que “esa es una zona minera” y, por ende, todo es mucho más costoso. Así lo dejan saber los comerciantes cuando dan los precios de los productos que venden.

En Tumeremo no hay colas ni escasez de productos básicos, todo se consigue sin mayor complicación, y por bultos.

Incluso, muchas personas de sectores vecinos como Guasipati y Santa Elena de Uairén viajan a comprar al pueblo.

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Control total

Durante los dos primeros días de protesta y tranca de la vía, los familiares de los desaparecidos controlaron todo.

Luego, fueron relevados por un grupo de hombres que se hizo llamar “Los Defensores”.

Eran cinco los encargados de la organización y de abrir la carretera para dejar pasar vehículos cuando lo consideraban necesario.

“Aquí estamos defendiendo a nuestros amigos, somos la misma gente. No tengo familiares desaparecidos, pero hay que luchar por la misma causa”, dijo uno de los sujetos sin identificarse y exigiendo que no le hicieran fotografías.

Jesús Alfredo Aguinalgalde, padre de uno de los desaparecidos lo escuchó y le replicó con contundencia.

“Tú no tienes que defender nada porque no tienes a nadie desaparecido. Aquí el dolor lo llevamos nosotros, no un facineroso que lo que hace es alterar la protesta. Cuando hablan se ocultan, se tapan el rostro y tienen miedo, yo no hago eso, ya nada me importa. No es justo que vengan ustedes a generar anarquía en un momento tan difícil”, le gritó el hombre molesto al organizador.

Ante esta acción no se tardaron las respuestas de los demás sujetos “Defensores”.

“Mire hermano, la organización que hay aquí es mucho mayor que la que tienen los militares”, soltaron como advertencia pública.

La gente lo sabe y calla. Por eso admiten que el hampa organizada tiene voz de mando en el pueblo.

Tampoco se atreven a hablar de “El Topo”, el sujeto que fue acusado por las autoridades y por mineros como el responsable de la desaparición masiva.

“Está prohibido hablar de ese señor porque tiene muchos informantes infiltrados entre nosotros. Eso es peligroso”, comentaron en voz baja algunos de los manifestantes.

En el trayecto hacia la mina Atenas, un grupo de motorizados que fue testigo del ataque contra los mineros, comentó que ese viernes estaban 26 hombres armados con fusiles, chalecos antibalas y pasamontañas parando a todo aquel que pretendía ingresar a la mina.

Se trataba de la alcabala de seguridad que instalan antes de cada yacimiento.

“Eso que nosotros vivimos, es lo mismo que pasa en las 17 minas que hay en Tumeremo. Todas controladas por el mismo hombre. Nadie puede hacer nada sin autorización de su gente”, refirieron.

Lo cierto es que en los comercios del pueblo, un refresco de dos litros cuesta 800 bolívares, y en la mina calmar la sed cuesta 3 mil bolívares. Hampa organizada e inflación.

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Fuente: El Universal